Padres e Hijos: ¿Unidos para siempre?

Cuando pensamos en la relación entre unos padres y sus hijos, casi nos viene de manera automática ideas bellas, imágenes lindas, emociones positivas, sensación de que todo irá bien entre ellos.

La realidad, estaremos de acuerdo en ello, no es siempre así, sobre todo con el transcurrir de los años, de manera que se vaya rebasando el umbral de “hijos-niños” a “hijos-adultos”.

Me encuentro muchas veces en mi día a día como psicólogo, multitud de casos en los que los hijos se siguen comportando como niños mal criados, exigiendo y manteniendo una relación vertical con sus progenitores; desde sus derechos, claro está.

Quizás el problema no venga directamente de ellos, sino más bien de sus progenitores, que no evolucionan con el paso de los años de sus hijos y siguen manteniendo una relación totalmente vertical hacia ellos.

Así no se educa, no se puede transmitir que en esta vida todo vale sólo por el hecho de poseer el título de HIJO/A, en especial cuando se tienen 20, 30 o incluso más años. Es misión de los padres mostrar a sus vástagos el camino del esfuerzo, de la constancia, del respeto, de la reciprocidad.

Me quedo con esto último de manera significativa, el “quid pro cuo” que debería estar presente en todas las relaciones, con independencia del vínculo que mantengamos con cada cual.

No digo que sea fácil, y sé que puede apelarse a la parte genética y consanguínea del asunto, pero la realidad es que apoyándose justo en esta parte de “vínculo biológico”, nos encontramos con muchas situaciones de injusticia, abuso e insensibilidad, que pueden favorecer -de alguna manera- a generar consecuencias tanto físicas como psicológicas a esos padres que dicen con orgullo y gritando a los cuatro vientos: “¡Yo por mi hijo… Ma-to!”, olvidándose que en ello no debería estar incluido el “me mato”.

 

LA PREGUNTA DEL "MILLÓN": ¿Crees que tener un hijo implica estar siempre atento a sus demandas, sin considerar su edad?

 

Manuel Salgado Fernández, Psicólogo Cínico

Back to Top