Economía Emocional

Aparecen artículos publicados en algunos periódicos –de papel y digitales- informando sobre las consecuencias psicológicas que la crisis económica está teniendo en la población española.

Se habla de mayor asistencia a las consultas de psicólogos y psiquiatras; de un incremento del consumo de psicofármacos; de más casos de bajas laborales; de la acentuación de problemas adictivos… y todo es verdad, por estadística y por las impresiones de nuestra experiencia en el centro CAIRYS. 

Puede ser interpretado todo esto, quizás por EPP (europeos post-pirineos), como una muestra más de la incapacidad, debilidad e inmadurez de la sociedad española en general, que no puede ni sabe afrontar una situación económica grave, debiendo necesitar ayuda externa. Podríamos tomarlo como una relación paterno-filial: El hijo reclama ayuda de su progenitor.

Sin embargo, desde mi posición de psicólogo, conversando con otros colegas y por información que llega de diversas fuentes, me quedo sorprendido al comprobar que –a pesar de todo- los españoles y españolas estamos muy cuerdos, posiblemente más de lo que deberíamos, teniendo en cuenta situaciones extremas, gravísimas, casi irreversibles y catastróficas que están viviendo muchas personas, cebándose incluso con familias enteras.

Hay casos en los que yo mismo, con todas mis habilidades de afrontamiento y mi capacidad de análisis, no puedo entender como ciertas personas siguen en pie, en sentido figurado y real, considerando lo que están pasando y el margen de maniobra que tienen.

Si nos vamos a los libros que recogen diversas teorías sobre el Estrés, creo que muchos deberían ser revisados, ya que en función de los estresores que sufren muchas personas ahora mismo, las consecuencias deberían ser mucho más llamativas, complicadas y graves.

Hablamos así de más casos de violencia; más intentos de suicidio, consumados o no; más abandono de actividades de ocio, generado por la aparición de cuadros depresivos; más problemas escolares provocados por trifulcas familiares; más ataques por frustración; más alineación con seguidores de la violencia.

Pero, sorpresa, la realidad no es esa. Estamos soportando de manera estoica, sabiendo que somos capaces, que lo hemos sido otras veces. Tenemos presente qué tipo de pueblo somos, cómo otras veces –no hace tanto- hemos pasado por algo parecido, saliendo de ello reforzados.

Ahora toca seguir, con quejas, con lamentos, con dolor, con llanto, con pena, con miedo,…, pero seguir, avanzar, aprender, crecer, … Si nos paramos ahora, si nos centramos sólo en los problemas –o en los generadores de ellos- sólo conseguiremos que el tiempo pase sin movernos. Y  cuando una persona no se mueve sólo debería ser porque no está viva. ¿Tú estás vivo o viva? 

Espero que tu respuesta a mi pregunta anterior fuera sí, porque si no el asombro sería mayúsculo, aunque recuerda que hay muchas formas de estar vivos… y quizás muertos.

Honestamente, quiero con este artículo “romper una lanza” por todos nosotros, por todos los que vivimos en este país, que llevamos años soportando la pérdida de derechos y ventajas que se han ido logrando con el paso del tiempo, a base de esfuerzo, lucha y tesón. 

 

  Vaya un ¡Olé! muy español como homenaje a todas las personas que se levantan cada día sin incluso saber por qué leches lo hacen, porque la verdad es que las vacas empiezan a estar secas. Habrá que buscar otra manera.

  

Manuel Salgado Fernández (Vuestro Psicólogo)

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